El tratamiento de los pacientes portadores de lesiones vertebrales secundarias debe ser encarado por un equipo multidisciplinario, conducido por el oncólogo tratante y donde el cirujano ortopedista tiene un claro rol cuando es requerido ante la imposibilidad de manejar el dolor, por inestabilidad, cuando existe el riesgo de colapso vertebral y sus graves consecuencias, cuando se produce o agrava una lesión neurológica o cuando fracasa el tratamiento radiante.